Queridos amigos, conocidos y desconocidos,
Tras la conferencia de prensa celebrada en mayo, hemos recibido numerosas muestras de interés por Incarnatus est. Desde entonces, sin embargo, apenas han tenido noticias nuestras. Este silencio no nace del mutismo, sino de la maduración. El proyecto va tomando cuerpo, y toda encarnación —como bien saben— necesita tiempo.
Uno podría creer que la Encarnación es cosa de un instante, de un Fiat claro, decidido y virginal. Pero lo que adviene en el pequeño cuarto de Nazaret se inscribe en un marco mucho más amplio, que se despliega en las Escrituras (las pinturas de la Anunciación dan testimonio de ello: en el pequeño cuarto aparece también el gran libro). No hemos de olvidar que aquel instante del Fiat fue preparado durante siglos: desde la llamada de Abraham hasta la llegada de Herodes, e incluso desde la creación del mundo hasta su fin, ya que su propósito viene de más allá de los tiempos. Así también nosotros vivimos nuestra pequeña y larga travesía. Hemos trasladado a nuestra familia de Suiza a España y, como la Iglesia semper reformanda, seguimos todavía instalándonos. No sospechábamos que la entrada a la tierra prometida exigiera tantos trámites administrativos. Afortunadamente contamos con amigos que nos ayudan, y hemos podido comprobar esa “virtud que unánimemente reconocían ya a los españoles antiguos griegos y romanos: la hospitalidad” (Ortega y Gasset).
¿Qué avances hay sobre nuestro instituto católico de formación integral? Hemos encontrado por fin nuestra sede, a veinte minutos de Madrid; hemos fijado el calendario y el plan de estudios; y hemos seleccionado a los primeros profesores para filosofía, teología, música, teatro, los talleres de carpintería y jardinería—y por supuesto, para las clases de payaso que no deben faltar en todo proceso serio de humanización.
Tendremos muy pronto nuestra página web e iniciaremos el proceso de admisión el 25 de enero, día de la conversión de San Pablo. Como podrán imaginar, aún hay información que debemos mantener en secreto. No por afán de ocultar, sino porque la semilla crece mejor cuando permanece oculta en el terreno fértil. Lo que brilla de un extremo al otro del mundo comenzó en el secreto de un oscuro pesebre.
Con la gracia de Dios, que cuida especialmente de los pequeños, el instituto Incarnatus est abrirá sus puertas en septiembre de 2026, como un curso académico y quijotesco para los aventureros de 18 a 28 años (con excepciones, por supuesto). Difúndanlo. Digan que va a desarrollarse un lugar donde la inteligencia se reconcilia con el corazón y con las manos, y donde se aprende a resistir —con humildad y creatividad— la tiranía de la inteligencia artificial.
No se necesita más carné que aquella carne del Verbo que se hizo niño, revelando que la palabra no es tanto un asunto de información y poder, sino de encarnación y amor.
Hasta el siguiente episodio… Oremos unos por otros y ¡feliz Navidad!
Fabrice Hadjadj
Director Incarnatus est
P.S. Como prueba de que las cosas avanzan y de que el escritor francés trabaja en su inculturación, les adjunto uno de mis primeros sonetos de arte menor.
Todos los chiquillos juegan
a recrear nuestro mundo,
todos corren y se entregan
al camino vagabundo.
Todos los niños navegan
por el mar turbulento y hundo,
todos los muchachos ruegan
por vencer al monstruo inmundo.
Ahora bien, bajo un techo
aquí está un niño de pecho
que va jugando muy serio.
Es el creador de veras,
hacedor de primaveras.
su sonajero, el imperio.


